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LVXIII. Estadísticas

por | Nov 8, 2015 | Opus Magnum

Blog8El Real Ministerio de Tránsito y Transporte de España ha publicado algunas cifras asombrosas, las cuales sin dudas han impactado fuertemente en el seno de su sociedad, en las formas más variadas.

“El RMTT ha recolectado unos graves y preocupantes indicadores que están siendo compartidos con vosotros, queridos ciudadanos, tal como nos obliga y ordena nuestro deber, a través de este mismísimo boletín. Las estadísticas muestran que un 97% de los accidentes de tráfico, es decir: todos esos infortunios que involucran al menos a un vehículo motorizado – y cuando escribimos motorizado lo tipificamos de la siguiente manera: motocicletas, bicicletas, coches, coches eléctricos, coches diesel, camiones, helicópteros, aeroplanos, OVNIS, kartings, sillas de ruedas eléctricas, un ciudadano cualquiera que corra a más de diecisiete kilómetros por hora – ocurren en la vecindad del hogar perteneciente al menos a uno de los conductores del vehículo motorizado involucrado en el accidente en cuestión.

“También es notable el hecho que un 89% de los infortunios de tránsito previamente mencionados ocurran en un radio menor a 300 metros del hogar familiar de al menos uno de los conductores involucrados en tales accidentes motorizados. El estado español procederá inmediatamente a tomar rápidas (mas siempre respetando los límites de velocidad pertinentes) y extremas medidas con la intención de alterar el curso natural de este flagelo de tráfico; amamos y por ende nos preocupamos por nuestros ciudadanos, siendo este cariño la fuerza que nos empuja hacia adelante; por supuesto, todo ello realizado de forma por demás segura, con el cinturón de seguridad puesto, y respetando todas y cada una de las reglas de tránsito.”

Hasta aquí, el boletín; y hasta allá, el final.

El galiciano periódico La Gaceta de Vigo, reporta:

“Un vasto número de ciudadanos de Vigo, Mortensen, A Coruña, Lugo, y otros puebluchos insignificantes, están desesperadamente poniendo en el mercado sus casas, granjas, y pisos, para así poder mudarse a una locación más segura: es decir, a por lo menos 400 metros de su pronto-a-ser-su-antiguo-hogar, sean o no poseedores de un vehículo motorizado: tal es el alcance de la paranoia accidental.

“Los analistas y eruditos del país asumen que la razón de este caótico proceso mudatorio podría ser el evitar el ciertamente amenazante accidente motorizado (seguramente fatal) en la vecindad del hogar. Los precios se han disparado por los cielos y, por otro lado, la ansiedad y el miedo a morir están empujando a los desesperados dueños a rematar sus casas ante un público de miserables y descorazonados apostadores.”

Dado que la mente humana es vasta e imaginativa, incluso en esta parte del país, algunas ideas están siendo sugeridas continuamente; aunque no todas ellas deben su existencia e impulso a un cierto interés monetario. Una de aquellas está monopolizando la atención por sobre las otras; y debido a este factor, máxima candidata a ser promovida, impulsada y patrocinada por ESA, cuyas siglas significan España sin Automóviles; los ciudadanos están siendo estimulados a través de reducciones de impuestos y otros beneficios fiscales a vender sus vehículos motorizados con el fin de evitar una casi cierta posibilidad de un casi seguro accidente (fatal) dentro de ese diabólico perímetro radial de 300 metros si tomásemos como epicentro el hogar de cualquiera de estos desdichados motorizados.

Al mismo tiempo, dicho incentivo detendría la estampida inmobiliaria haciendo que los precios lentamente encuentren su equilibrio natural, y que los demoníacos apostadores que se aprovechan de los desesperados dueños encuentren un definitivo lugar en el infierno.

Los usuales e inescrupulosos y oportunistas hombres de negocio ya han visto el truco, aprovechándose de cada duda que surge luego de la generosa oferta estatal: miles de estacionamientos privados están siendo construidos en el medio de zonas residenciales para que los preocupados y angustiados vecinos sean capaces de aparcar sus coches a un distancia prudencial de sus hogares, manteniendo así los sagrados 300 metros radiales de separación; esto, tal como fue prometido por los tiburones del dinero, solucionará el asunto por completo.

No obstante, basta un simple incidente para que el colectivo ejercicio de la lógica y las especulaciones monetarias colapse, acaso para siempre: los accidentes están lentamente comenzando a ocurrir dentro de los 300 metros radiales si considerásemos a los nuevos estacionamientos públicos (privados) como el epicentro. Un testimonio común que ayuda a reforzar la afirmación previa:

Un simple y común ciudadano que resulta ser un veinteañero joven estudiante de psicología y promisorio vendedor, escupe furiosamente que:

“¡Hombre, que casi vendo mi casa por menos de la mitad de su valor real! ¡Y casi hago lo mismo con mi amado coche, coño!; que realmente he puesto mucho esfuerzo en comprar ese hermoso Renául. Un hijoputa me convenció de estacionar mi coche en su puto estacionamiento que está a unos 500 metros radiales de mi propia casa; me prometió por todos los cielos y la madre que lo parió que nada me ocurriría a mí o a mi coche. Ahora, no puedo dejar de chocar cada puta vez que intento entrar en su estacionamiento de los cojones. Hay algo extraño y diabólico en este asunto. Creo que lo mejor para mí será vender el coche de los putos cojones y que todo se vaya a tomar po’culo.”

En este punto, el editor de la Gaceta criteriosamente edita el reporte para evitar una desagradable cascada de insultos e improperios en abundancia.

Un jovenzuelo llamado Pedrito, de padres marroquíes, sugirió una opción que acaso podría prevenir el ocaso de los coches y otros vehículos motorizados; con su inocente franqueza, susurró que en su opinión los choques ocurren debido a una confianza excesiva – ergo distracciones – del conductor que, en la proximidad de su anhelado arribo, se relaja creyendo conocer cada encrucijada, cada tempo esquinero, cada probable vehículo… cayendo así en la trampa de aquel pecado mejor conocido como arrogancia. Debido a lo anterior, termina colisionando como un gilipollas.

Naturalmente, nadie dio crédito al imparcial, humilde y sabio Pedrito, quien está ahora navegando sobre una dubitativa patera que apunta, si es que el verbo puede usarse en tal circunstancia, a Marruecos, con la avergonzada compañía de su familia toda, eyectados y desterrados de la tierra del Jabugo y Locomía, para siempre. Las razones, miserablemente leídas por el alcalde de A Coruña, ilustraron que no era posible el permitir la persistente presencia de un enviado infernal y engañoso abusador de un pensamiento pseudo-lógico.

Luego de justificarse mil y un veces por expulsar a la inocente familia marroquí, José Luis Pérez de los Campos Po (el alcalde de A Coruña) sintió la presión de los vecinos; la ahora famosa ley-carruaje ha sido recientemente decretada como testimonio de semejante fuerza coercitiva. La misma dictamina que todos los ciudadanos deben solamente utilizar caballos, carrozas y bicicletas, siendo estos los medios de transporte autorizados recientemente. Si el uso de un coche u otro vehículo motorizado resultare ser inevitable, deberá ser aparcado a una distancia de al menos 70.000 metros del hogar del conductor en cuestión, y el triunfal acercamiento a su morada deberá ser realizado por medio del caminar a un ritmo que habrá de ser más lento que 2 kilómetros por hora.

El gobierno nacional está atentamente observando cómo se desarrollan los eventos en la región noroeste del país, y están considerando subsidios especiales para ayudar a las necesidades que podrían nacer luego del postrero decreto.

Extractos de un artículo escrito por Roberto Pérez Gómez y Gómez para la Gaceta de Vigo, páginas 3 a 89, sexto día de febrero, 2006.

OM

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