Blog

XXXV. Evolución revista

por | Abr 26, 2014 | Opus Magnum

Cautivados por la maravilla emanante de la obra maestra Opus Magnum en la cual nuestro amado «π» ha contribuido varias líneas destinadas a cambiar los rumbos errantes de la humanidad toda, compartimos ahora la subsección treinta y siete acerca de las notas a pie de página (0) del capítulo vigésimocuarto de tal opus eterno:

“Según el errático juicio del inminente pero no por ello menos eminente mas no tan prominente (1) improbable ganador del premio Nobel de física, matemática y antropología, experto en haute cuisine, dotado hacedor de helados, horticultor y paisajista Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A., quien además es un extravagante millonario amante de curiosos automóviles vintage, dulcero como Hänsel y pirómano como Wilhelm Grimm, la actual especie humana no descendería de los monos sino que nuestro primordial origen podría ser encontrado en la mismísima existencia de esos míticos roedores que hoy  cariñosamente llamamos ratones; según sus extravagantes pensamientos, Mickey sería nuestro entrañable Adán, y Minnie, la traicionera Eva.

“El Doctor M siguió su personalísimo y empírico método de observación protocientífico, el cual había sido soñado y conjurado en una tormentosa noche de verano durante su decimosegundo año en este planeta tierra. Desde que hubo escuchado por vez primera algunos confusos conceptos acerca de la teoría darwiniana a sus once años, se transformó en un hombre con una misión (y obsesión): demostrar que el barbado colega científico estaba equivocado. Mas no era la opinión de Darwin acerca de la supervivencia del más fuerte y la descendencia humana de los simios que molestaba a nuestro trastornado hombre de ciencia; lo que a Münster realmente le provocaba desprecio era el cráneo pelado de Charles y la barba extremadamente larga. Podemos leer en algunas cartas escritas a su primo Joacob Petreus que a la postre jamás fueron entregadas, que Realmente odio a ese pirata naturalista. También es cierto que detesto su apariencia y su larga barba pechal, la cual creo que solamente está allí para crear un efecto simiesco sobre todos esos desdichados que están obligados a mirar y sufrir su estilo Papanoelesco.  

“Durante su primigenio período de observación, el cual fue llevado a cabo en su en aquel entonces pequeñísimo pueblo originario de Casablanca que, dicho sea de paso, se ha transformado a sí mismo en una de las más grandes ciudades de Marruecos, provocando no solamente un impacto socioeconómico en toda la región, mas algún que otro sobresalto moral debido al cambio de sexo que necesariamente tuvo que haberse producido al pasar de ser pueblo (masculino) a ciudad (femenino), él, y cuando escribimos él nos estamos refiriendo al Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A., notó en primer lugar que los hombres descendían tanto de caballos como de asnos, no obstante que la fisicalidad mecánica involucrada en tal movimiento de abandono animalesco parecía ser, en aquel entonces, de una naturaleza azarosa. En este punto es necesario aseverar que cuando escribimos tanto de caballos como de asnos no es nuestra intención afirmar que estos hombres en efecto eran capaces de descender al mismo tiempo de ambos animales; por supuesto, esto debido a la imposibilidad de montar (ergo de bajar de) dos equidae a la vez.

“Entonces, por el momento, sus observaciones probaban no solamente lo equivocado que estaba Darwin, sino que también era un hombre barbado y simiesco que seguramente olería por demás desagradable: los hombres descendían de los caballos y asnos, y no había señal alguna de simios, monos, o Papás Noel.

“Dr. M estaba apenas ubicando su mente alrededor de semejante idea rompedora de barbas mientras continuaba intentando encontrar durante eternas noches el eslabón faltante o perdido entre aquellos equinos y nosotros, cuando un inesperado medio de transporte hecho a fuerza de ruedas y madera hizo su revolucionaria entrada; esas criaturas que alguna vez ignoraron habitar el trono inmortal de la humanidad eran ahora el poder frente al vehículo amaderado que, por el momento, estaba condenado a volverse nuestro mismísimo ancestro primordial. Los carruajes se volvieron el objeto de su ferviente estudio obsesivo, pero la realidad demostró una vez más ser mayor que la mente (y boca) de cualquier erudito.

“Luego de la occidentalización del país y como consecuencia del mal concebido movimiento luchador por la igualdad de géneros que transformó la ciudad africana para siempre, se les permitió a las mujeres que de a poco comenzaban a copiar las peores características de eso que comúnmente se equipara con lo masculino, a viajar en los novísimos autobuses franceses que estaban, de repente, inundando las calles de la ahora pujante Casablanca; humanos de todo tipo comenzaron a descender de un único objeto móvil, ergo, una criatura viviente como alguna vez supieron ser los caballos, asnos y carruajes: le bus marocain.

“Semejante metáfora pictórica convenció al joven héroe de la perfección de su idea: el todo de la población compartía un común antepasado, un origen común que transformaba a todos en iguales, pares. Pero el dinero siempre encuentra su camino, y esta revolucionaria idea estaba a punto de ser forzada a un exilio olvidado.

“El capitalismo comenzó a anidar en lo que alguna vez fue el humilde pueblo nativo del Dr. M (por las dudas de que hayan olvidado su nombre completo: Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A.) y un nuevo ancestro insospechado apareció en escena; ahora parecía que tanto hombres como mujeres descendían de algo que en efecto lucía como le bus marocain pero petit. Un vehículo más pequeño y veloz que el pujante científico aprendió que tenía su propia denominación: aquellos pequeños autobuses eran llamados voitures o autos si lo prefieren.

“A pesar de sus generosos y heroicos esfuerzos en intentar invalidar su siempre-mutante teoría, aún no podía encontrar ni siquiera un rastro de hombres – o mujeres – descendiendo de monos, simios o cualquier cosa que al menos se pareciese a Papá Noel o eventualmente a su trineo regalón.  No obstante esta flagrante contradicción, el tenaz científico mantuvo un ojo siempre atento; pero lo más cercano a monos o simios o algo al menos emparentado a la teoría darwiniana que jamás logró observar fueron hombres cabalgando y descendiendo (no al mismo tiempo, por supuesto) de asnos, caballos, camellos, dromedarios e incluso perros, por no mencionar el eventual gato gigante; pero ni un ejemplo viviente del peludo ancestro comedor de bananas.

“Incluso consideró la posibilidad de que la completa historia de la biología evolucionista pudo haber sido reducida – condenada – a un error tipográfico: ¿y si Darwin quiso escribir burros (donkeys en su versión inglesa), mas debido a un inocente erratum escribió la palabra monos (monkeys en inglés)? ¿O acaso hayan sido los tempestuosos mares australes los culpables de semejante fallo escritorial?

“Dr. M supo, luego de haber explorado todas las posibles explicaciones lógicas, que tenía que abandonar su ahora ciudad originaria llamada Casablanca, para así poder ver con sus propios ojos si allí existía, en el amplio mundo por explorar, cualquier otro probable ancestro del cual la especie humana podría haber primigeniamente descendido.

“Por vez primera, desde que posó un pie en territorio español, estuvo casi convencido de que nuestro primer y único origen era ese gigante aparato flotante que lo había transportado hacia la costa del Levante; nuestro ancestro tenía un nombre y ese era Santa Isabel la Católica. El barco como comienzo primordial de la humanidad no solamente tenía sentido para él, mas reconciliaba a su yo científico con su máscara religiosa; el arca de Noé era la fábula que unía a todas las piezas desperdigadas por el tablero de su mente (por ende también en su vida); un recipiente flotante, una matriz navegando las eternas aguas de la vida en constante renovación que continuaban portando a la humanidad hacia esta orilla, que nosotros llamamos tierra. Nuevamente, la metáfora tenía sentido: somos animales, proyectos que necesitan ser completados. Nuestra tarea es buscar a nuestro propio Noé, quien nos espera en el mundo material, para luego encontrarlo aquí dentro, en nuestros corazones: así en el cielo (fuera) como en la tierra (dentro).

“Sus días de felicidad y sueños de gloria encontraron un abrupto final cuando un estruendoso ruido proveniente del cielo estremeció sus ondas lógicas; al principio creyó que el fin del mundo se estaba acercando; luego que un simio gigante lo estaba persiguiendo con la intención de destruir su glorioso descubrimiento para que así su raza monera pudiera gobernar como los antepasados de la humanidad y también proteger la reputación de Darwin. Desafortunadamente para él y la historia de la ciencia toda, estaba fatal y vergonzosamente equivocado: aquel ruido era el desafinado canto de un 747 a punto de aterrizar en Barajas, el aeropuerto internacional de Madrid.

“La prueba final, o al menos eso es lo que creyó en ese entonces, apareció nuevamente (2) a través de sus mismísimos ojos y oídos: todos nosotros, bebés, ancianos, mujeres, adolescentes, e incluso gente de raza negra u oscura, descendían del aparato alado. Dr. M estaba ya convencido de que había alcanzado la cumbre de su búsqueda científica, aún cuando significaba el final de la coexistencia armónica con su arista o máscara pía.

“Su ego voló entonces tan alto como lo hacía ya su nueva apajarada obsesión acerada. La metáfora era nuevamente perfecta: lo que Dédalo e Ícaro no pudieron realizar, fue logrado por la bestia metálica; volar tan alto como el sol y acariciar intrépidamente los mares para demostrar así ser un digno ancestro del hombre.

“Mas no es recomendable tener ciertos pensamientos, al menos no para hombres pasionalmente obsesionados e inestables como el Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A. Como fatal consecuencia de su intuición, varios sujetos inocentes murieron luego de haber sido empujados (y convencidos acerca de los beneficios de su novísima teoría) desde diferentes mortales acantilados europeos. Afortunadamente para nuestro hombre de ciencia, él eligió saltar desde la espalda de Jimmy Cliff (un trivial juego de palabras obliga este paréntesis: el apellido también se refiere a la palabra en inglés inventada para señalar un acantilado o peñasco); cosa que resultó inocua para su bienestar físico, mas eventualmente mortal para su alada y voladora teoría. Poco importaron los fallidos intentos de buscar una presencia mitológica en la ópera de Wagner El holandés errante. Sin embargo, la preguntaba continuaba acosándolo: si los hombres blancos pueden saltar, ¿por qué no podríamos también nos, los dignos descendientes de aquéllas aladas bestias de acero?

“Una oscura felicidad se entremezcló con la satisfacción del avance científico; su yo religioso necesitaba reconciliar ambos mundos. Podía soportar el acoso de una pregunta evolucionaria, mas necesitaba el pegamento que eventualmente mantendría unidos a ambos yoes. Miles de famélicas horas fueron desperdiciadas en los archivos del Vaticano; no había registro alguno que proveyese al menos una magra evidencia de Noé construyendo o diseñando un avión.

“Obsesionado con la ahora divinidad alada, fue incapaz de abandonar las instalaciones aeroportuarias, hipnotizado por su lema metódico: Cosmon specta. Su destinación obvia fue la prisión, visitando brevemente el Hospital de la Almudena para ser alimentado intravenosamente. Varios meses transcurrieron, mas desafortunadamente para el Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A., no volaron sino que pasaron a través de un tedioso movimiento arrastratorio.

“La libertad demostró ser una meta nada sencilla; eventualmente se transformó en una realidad una vez que su pediatra se trasladó desde Casablanca hacia Madrid para brindar un completo informe no solamente de sus propios padecimientos mentales y tendencias narcisistas, sino también las de su paciente, el ahora encerrado Dr. M, de las cuales el escritor de esta mismísima historia no estaba al tanto hasta este mismísimo momento: ¡Mierda! ¡Este tipo estaba fuera de sus cabales! ¡Y el pediatra también!

“Luego de una breve deliberación burocrática, la cual comenzó cuarenta y siete días antes de que un arreglo pudo ser alcanzado, la Guardia Civil aceptó liberar al en aquel entonces adolescente y futuro Dr. M, no sin antes forzar a Maryam y Youssef, los padres de nuestro protagonista, a ingresar a su único hijo en una clínica psiquiátrica. Esto fue cumplido al pie de la letra, y luego de diez dulces sesiones de electroshock llevadas a cabo en el Asilo Científico Mental de Casablanca, el intrépido y curioso hombre de ciencia, fue un renacido ratón… digo, un renacido hombre.

“Todo rastro de sus pasadas dolencias se habían ido; sin embargo, nada podía hacerse para amainar una pasión tan fulgurante como la suya, y ningún alma podría haber previsto la influencia que su propio ego fragmentado aún tendría en sus futuras investigaciones científicas.

“Lenta mas incesantemente, comenzó a retomar la senda ratonera.

“Con la intención de mantener y demostrar tal teoría aventurada, develó recientemente, tanto para el público general y la comunidad científica toda, una colección personal de papers y documentos que reflejan su monástica labor llevada a cabo a lo largo de pasionales cuarenta años, los cuales incluyen análisis del ADN de miles de especias como el cardamomo, clavo de olor y orégano. Por supuesto que el desclasificado dossier también incluye las completas secuencias del ADN pertenecientes a millones de razas, variedades y tipos diferentes de ratas, ratones y otros roedores; y solamente porque le quitaría poquísimo tiempo de su ocupadísima agenda, también analizó la estructura molecular y ADNística de la exquisita mousse de chocolate que ocasionalmente disfrutaba en el Churchill Club ubicado en la rue de la Meditarenée de su amada Casablanca originaria.

“Es digno mencionar que su personalísima tenacidad y determinación le ayudó a descubrir casi en totalidad el mapa genético (97%) de los quesos más exquisitos que jamás han sido probados por la humanidad toda.

“Tal como se esperaba, estos aventurados teoremas e investiga-declaraciones han despertado acalorados debates en los claustros eruditos alrededor del mundo, incluso en aquellos países que sufren temperaturas realmente bajas. No solamente el trabajo del Dr. M estaba bajo fuego sino que otras insospechadas víctimas pagaron el precio de la existencia: gatos siameses, todas las razas y variedades de ratones conocidos hasta la fecha; todos los tipos, razas y especies de roedores que aún esperan ser descubiertas, y las completas familias de Mickey Mouse, Speedy González, Tom, Jerry y Silvestre. El amplísimo espectro de epítetos (3) despreciativos fueron escuchados en los principales Auditorios de Harvard, Columbia, UCLA, Princeton, Kingston, Darmtouth, y las grandiosas universidades europeas.

“Forzado a enfrentar este tsunami de insultos y abusos verbales, el Dr. M se sintió compelido a brindar una entrevista exclusiva en la cual explica los fundamentales y básicos puntos sobre los cuales su teoría está construida:

“’Supe perfectamente de antemano que controversial sería el adjetivo común a ser utilizado – y abusado – cuando la gente fuese a hablar acerca de mi teoría; pero simplemente apelé al ratón interior que todos llevamos dentro para poder dar a luz (4) a uno de los mayores y más importantes descubrimientos de la historia humana. El sentido común es mi guía; no hay hombre, mujer o infante que pueda proclamar honestamente que le disguste el queso. Esta es una prueba irrefutable que muestra con prístina claridad que compartimos con los ratones mucho más que nuestros dientes frontales superiores.

«‘Por supuesto que he escuchado el argumento que asegura que también todos amamos las bananas, y que tal preferencia nutritiva podría bien ser utilizada para reforzar la teoría de Darwin. Pero conozco un par de hombres y mujeres que parecen no saber a través de qué orificio tal fruta debería ser comida; ello es, para mí, una prueba irrefutable que nos desata de aquéllos barbados primates.

«‘Ahora, volviendo al asunto quesero: comemos queso, disfrutamos queso y algunos individuos particulares como yo, nos excitamos con el queso. Amamos al queso y lo fabuloso del asunto es que no tenemos que usar preservativo, y luego de las actividades amatorias puedes comerte a tu amante. También hay poesía en este acto: todo lo que es, apunta a retornar a su origen, y así sucede con nuestra láctea sustancia sexual la cual vive para morir dentro del queso que amamos, que anhelamos, que comemos. No puedo resistir esos agujeros lácteos que el Gruyère me ofrece pleno de sensualidad. Puedes ver claramente (le comenta al entrevistador) cómo mi cuerpo reacciona instantáneamente cuando hablo acerca de ese divino producto lácteo. Tenemos experiencias místicas con el queso: ¿quién no ha sido conducido lejos de la matrix después de probar un fuerte Camembert, un presuntuoso Gouda…? ¿Acaso el maestro Jesús no multiplicó los quesos en el mercado?

«‘Creo con firmeza que no es mera casualidad el hecho de que la esencia de nuestras extremidades inferiores, las cuales nos soportan y conectan con nuestra pacha mama, con el reino de los sueños y con la vida misma en sus estados naturales, estén tan relacionados con el aroma del queso (8).

«‘Cito al gran Karl Marx cuando dijo que el football es el queso de los pueblos… ¿o dijo que el queso es la religión de los pueblos? ¿Podría ser que haya dicho que la religión es el queso de los pueblos? O mejor dicho: ¡el opio es el queso de los pueblos! Este tipo de consignas, frases inmorales que se quedan merodeando eternamente en el inconsciente colectivo apuntan a una oculta verdad escondida por el poderoso lobby de la industria bananera, la cual nos hace continuamente creer que descendemos de los monos.

«‘Permítanme compartir con ustedes una encuesta recientemente publicada que muestra que el queso es, por lejos, el alimento preferido en todo el mundo: el 98% de los terrícolas aman el sabor del queso, mientras que apenas un 21% disfruta de las bananas. ¿Más datos? Napoleón Bonaparte era un adicto al queso. En una de sus múltiples memorias inpublicadas escribe que Veo al mundo como un queso que está esperando ser conquistado y mordido, un precioso Roquefort en el cual hincaré mis frontales dientes de roedor… hic!. Richard III exclamó: mi reino por una mordida de Gorgonzola. Ser o no ser, esa es la Fondue!, dijo Hamlet a través de la pluma del Bardo quien en ese mismo momento pensaba qué cazuela de fondue debía comprar; aparentemente el Día del Ratón se avecinaba y quería homenajear a sus amigos escritores sorprendiéndolos con un festín fonduístico (5). Podría nombrarte al menos miles de casos como éste, pero la verdad está allí fuera solamente para ser ignorada’. (**)

“Entre otras ventajas, esta teoría brindaría una plausible explicación acerca del inusual mas comúnmente aceptado éxito del ratón Mickey entre la población humana toda. Walt Disney podría haber formado parte de la Loggia masónica Caseus Rex, circunstancia que pudo haberlo ayudado a eventualmente ganar (y utilizar) un apoyo privilegiado para así poder obtener información clasificada que a la postre resultaría crucial para el erigimiento y éxito de su imperio del entretenimiento, el cual no sería más que una cortina de humo que le permitió – y aún lo hace – implantar en nuestras mentes la idea del origen roedor de nuestra humana especie.

“El proceso identificatorio entre nos los humanos y el pequeño y simpático ratoncillo ha sido previa y precisamente descripto por el mismísimo Aristóteles, cuando usó la palabra katharsis o catarsis (κάθαρσις en el original griego). Si bien es cierto que el gran filósofo jamás explicitó el verdadero contenido de tal palabra, es fácil tomarla por su significado más popular y aplicarlo a la genial investigación: purgación, purificación, clarificación; estos son algunos de los conceptos apegados a la katharsis o catarsis. El mismísimo fenómeno que ocurre gracias al poder del drama y la tragedia teatral. Tal como uno es purificado al ser un espectador de Sófocles, Hamlet o My Fair Lady, lo mismo ocurre cuando disfrutamos algunas de las exquisitas aventuras del ratón Mickey y sus queridos amiguillos; nos conecta, nos une con nuestro verdadero origen. Nos ofrece confort, alivio y un lugar seguro para nuestras lágrimas de risa o de llorosa tristeza. Si Edipo Rey es la revivificación de ciertas experiencias pasadas de nuestras vidas, si Desdémona nos recuerda a nuestra madre o Elektra a una cierta hermana, es precisamente a través de este caos emocional del cual emergeremos limpios y libres de aquellos sentimientos esclavizadores. Tal es el mecanismo que opera tan efectivamente en nuestro subconsciente cuando alegremente miramos un dibujito animado del ratón Mickey mientras percibimos esa cercanía paternal, ancestral.

“No estoy seguro quién, pero alguien verdaderamente importante y sabio dijo que el conocimiento es apenas remembranza. El anima, antes de ingresar a este reino, cruza a través del río Lete enjuagando así todas las memorias acumuladas, las cuales habrán de ser excitadas por un elemento mundano cualquiera, que entonces oficiará como un disparador de la remembranza, ergo conocimiento; en este caso, un simpático ratoncillo despierta nuestra memoria y nos toca emocionalmente. Si eres por demás afortunado, y te atraen las experiencias rompedoras de leyes, quizá haga algo más que simplemente tocarte; asegúrate de tener un par de billetes de cien en tu bolsillo trasero izquierdo. Antes de ello, asegúrate de estar usando un pantalón.

“Él, el ancestral Mickey, nos conduce hacia nuestro mismísimo origen terrestre; él es el recipiente de memorias pretéritas.

“Esta teoría también provee un enorme estado de alivio para todos aquellos progenitores, profesores y psicoterapeutas que han sido incapaces de encontrar una explicación razonable al creciente problema (y reciente, sobretodo en países del primer mundo) de imberbes jovencillos que, sintiéndose excitados sexualmente, se dedican a fervientes actividades masturbatorias bajo la musa de Minnie, la bella, hermosa, sensual y tremendamente sexy novia de Mickey; lo que los psicólogos hoy etiquetan como un mega-súper-mítico-complejo de Edipo.

“La controversia está servida, con un exquisito aderezo a base de parmiggiano.”

“Las acotaciones finales del Dr. M:

“’Miles de clubes, discos, saunas, farmacias, kioscos y otras asociaciones clandestinas donde los mejores, más puros – y duros – quesos pueden ser hallados, serán regulados y legalizados en menos tiempo del que lleva morder un M&M luego de haber jurado que se dejaría derretir en la boca. En un cercano futuro insospechado seremos capaces de liberar nuestras colitas, dejar que nuestros bigotes crezcan abundantemente, y usar el disfraz de nuestro ratón favorito o el arquetipo de nuestro árbol familiar de acuerdo a nuestra secuencia de ADN, y así disfrutar una vida sin tabú.

“’Mientras tanto, a lo largo de los más prestigiosos laboratorios del mundo, ciertos experimentos muy precisos están siendo llevados a cabo con la intención de determinar nuestro verdadero origen. La imparable batalla ha comenzado: Simios versus Ratones.’ (8)

“El Dr. M ruega prudencia ante el surgimiento de noticias acerca de cruentas torturas y sacrificios rituales de todo tipo de gatos, y la inminente prohibición de poseer felinos domesticados en cada gran metrópolis de este insano planeta. Filtraciones desde el Pentágono indican que el Gato con Botas podría estar planeando un viaje de solo ida rumbo a una indescubierta isla que sería parte del archipiélago Mahaiueppo a unas ochocientas leguas de Nueva Zelanda (6).

“La historia toda de la humanidad, a un ratoncito de cambiar para siempre.” (7)

Es con gran tristeza que informamos a nuestros admirados lectores que el Dr. Mortimer Mauser Münster Ph.D., M.A fue encontrado sin vida en el interior de una Pitón de setenta y cuatro metros de longitud. Reportes policiales sugieren que la mortal serpiente confundió a nuestro loco científico con un ratón; aparentemente estaba a punto de dejar su guarida para asistir a una reunión privada en Orlando, Estados Unidos.

(0) No puedo evitar formular una profunda pregunta que involucra a toda la comunidad anglófona: si el término “pie de página” se refiere a esas anotaciones al final de cualquier hoja escrita, refiriéndose o completando un anterior tema tocado, ¿cómo deberíamos referirnos a aquellos poemas, novelas e incluso listas de compras que nosotros, algún día, quizá querramos escribir sobre nuestro mismísimo pie derecho o izquierdo? ¿Puede algo escrito en el trasero (bottom) de alguien ser considerado acoso? ¿Cuáles son los límites que separan a un hecho-acto artístico de un desesperado hecho-acto sexual con toque incluido? ¿Es acaso un escritor o copista digno de ser considerado un pervertido por escribir pies de página sobre el trasero (bottom) de la hoja? (N. del T.)

(1) Pocos hombres pueden considerarse tan coquetos como nuestro descrito hombre de ciencia, quien siempre seguía estrictamente una apropiadísima dieta mediterránea, a pesar de su celiaquía y las obvias – por ende constantes – evacuaciones acuáticas.

(2) Quizá uno de los escasísimos casos de una de una Prueba multiorgásmica.

(3) Ambos absolutamente obsequiosos y ultra peyorativos.  El último jamás registrado encontró su origen en el cerebro, se deslizó a través de su lengua y fue expelido por la acuosa boca del matemático griego Tito Rodríguez durante una charla en la BBC. Dijo: «patán». Luego aseguró ignorar el significado de tal palabra.

(4) Recientemente hemos descubierto cuán celoso estaba el Dr. M de las mujeres y su privativa experiencia de dar a luz; siempre fantaseaba con ser capaz de vivenciar ese evento milagroso como la pujante estrella indiscutida.

(5) En este caso particular no era una verdadera Fondue; en cualquier otro caso, dadas las cantidades de invitaciones enviadas por William, bien podría haber sido una Fondieux.

(*) Debemos asumir que el lunático científico solía dormir alla Batman.

(**) La entrevista fue editada por una mano cándida y amateur, dejando en el aire un ligero aroma a censura. Dr. M pudo haber ido contra las grandes corporaciones multinacionales, como también los gigantes conglomerados de bancos, los cuales para él son culpables del estatus ilegal que sufren actualmente los tipos de quesos más duros cuyos precios continúan en alza justamente debido a su ilegalidad.

(6) El filólogo español Rubén de las Moras, inspirado por sus viajes alrededor del Río de la Plata, demuestra ser un gran campeón defensor de la causa de Ernst en su libro Sexualidad y lunfardo rioplatense cuando observa que en el típico argot porteño de Buenos Aires, un gato es una mujer que inspira – entre muchas otras cosas – ciertas fantasías sexuales dentro del mundo masculino. Esto, escrito en un rudo castellano sería hacerse los ratones; tener pensamientos sexuales o fantasías con, por ejemplo, este gato-prostituta-fémina. Aparentemente, el objetivo de este gato sería no solamente el dejar descentavado a este inocente hombre, sino además destruir aquéllos ratoncillos (fantasías) que han brotado en la mente de la pobre víctima masculina excitada; el control ejecutado por la felina mujer sobre nuestra propia ratoneada es la única causa de la debilidad masculina enfrentada a la potencial copulación. Uno también podría imaginar cuán sexy sería observar cómo el queso es fabricado dentro de la boca de esta mujer-felino, sirviéndose  de nuestro propio ingrediente lácteo.

(7) El Dr. M estaría seguramente encantado con el nombre de ese pequeñito aparato que brinda una ayuda invaluable en el uso de la computadora. En lo que seguramente podrían haber sido sus propias palabras, es una hermosa metáfora el llamar ratón a lo que eventualmente lanzó a la humanidad hacia la era computadorizada era de internet. (Ed.)

(8) El cineasta y excéntrico norteamericano Tim Burton afirma ignorar toda posible conexión entre su innecesaria remake del Planeta de los simios y este asunto.

(9) A esta altura, debería ser por demás evidente para el lector que la obsesión del Dr. M influyó en el sketch de Monty Python acerca de ratones y hombres; así como en la famosa novela de John Steinbeck.

 

Shares

FOLLOW

Categories

Suscribir

Para continuar desvelando los secretos alquémicos de Abu Kasem, ingresa tu dirección de e-mail debajo.

A %d blogueros les gusta esto: