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XXXIII. Die Gebrüder Grimm

por | Feb 4, 2014 | Opus Magnum

En las primeras páginas del capítulo numerado en honor a los romanos, es decir, el MMCI/II de nuestro amado Libro Maestro, leemos lo siguiente:

“Estoy seguro, estimado lector, estimada lectora, estimadísimo probable lector, estimadísima probable lectora, querido lector aburrido, querida lectora aburrida, estimada lectora probablemente ocupada con los quehaceres domésticos, querido … (1)… que habrá de recordar la intrincada historia personal de los hermanos Grimm, Jacob y Wilhelm; un par de desdichados que eventualmente encontrarían, oculto en su apellido, a su verdadero destino.

“Así también lo hace el mismísimo biógrafo y escultor personal de ambos geniales y siniestros Gebrüder, Graf – conde – von Westphalia, bautizado como Edmund von der Wald aus der Rhin, quien ya en su época era ciertamente famoso por sus excentricidades (3) y la usual imprudencia que tenía para con personajes por demás loables y destacables (4), como también por sus sobresalientes habilidades en el Fussball (**), el nado sincronizado y el típicamente rioplatense juego de cartas llamado truco, el cual le fue enseñado por el mismísimo Sufi y explorador británico, Sir Richard Francis Burton.

“Nuestro admirado conde Edmund decidió convertir su propia versión de la biografía que había escrito previamente sobre los Gebrüder Grimm (la cual al momento del trueque creativo no había sido aún publicada) en una novela; decisión que tomó y juróse llevarla a cabo durante un templado verano disfrutado en la costa amalfitana.

 “Durante esos días justamente el Graf Edmund se estaba recuperando de una seria bronquitis aguda, además de sufrir un ataque de gota que le impedía caminar con naturalidad cuando, de improviso, el golpe de genio ocurrió: supo, de una vez y para siempre, qué hacer precisamente con toda esa aburrida cantidad acumulatoria y objetiva de nombres, lugares, momentos significativos de la historia e información muerta que cualquiera podría haber recopilado. Sensatamente pensó, que si todos los pianistas de la historia meramente tocaran lo que no estaba indicado en la partitura, toda la música sonaría igual, acaso idéntica; mas si fuesen lo suficientemente corajudos (uno de los muchos rostros de la sinceridad) y portasen la intención de someterse a la Musa de la Belleza y la Armonía al seguir las instrucciones de la música escrita sobre la página, no solamente encontrarían la única verdad, mas además, la suya propia; como resultado de ello, esa misma pieza musical jamás podría volver a sonar igual, sin importar cuántas veces fuese interpretada, tanto por el mismo músico (siempre diferente cada vez que es tocada) o por cualquier otro; mientras que esos venturosos y corajudos artistas gozarán, eventualmente, de la transformación en aquello que deberían haber sido desde el comienzo: una unidad. Una perfecta recreación a través de lo recreado, para volver a lo recordado: el origen.

“Incapaz de esperar siquiera una nueva bocanada de aire, Edmund comenzó a prefigurar el cómo completar semejante tarea creativa y colosal. ¿Cómo crear algo digno del sudor y la falta de horas masturbatorias? ¿Cómo mezclar todos esos datos insignificantes y muertos previamente fijados bajo una forma de biografía acerca de un cierto dúo de hermanos, en este caso apellidados Grimm? ¿Cómo transformar lo Grimm (he aquí un juego de palabras que involucra el significado en inglés de la palabra grim, la cual implica, entre otras cosas triste, desalentador, nefasto con el apellido de los famosos Gebrüder) en alegre? El Conde entendió, de una vez y para siempre, que si solamente se condenaba a sí mismo a recontar aquello que ya había ocurrido en las vidas de los inmortales hermanos, esencialmente sería imposible para él alcanzar la verdad trascedente que estaba aguardando ser descubierta y luego amada. Fue así que se encomendó a la intuición de su corazón. La hoja o partitura era la vida misma de ambos hermanos, sus destinos eran la música, el intérprete era el Conde, la pluma y la tinta el instrumento, y el compositor era y es el Misterio detrás del Velo; el Innombrable; el Centésimo Nombre.

“Una vez su ser invadido por tal epifanía, Edmund no pudo dejar la suite Real hasta que el revolucionario opus estuvo terminado. Como una especie de hommage a su amado Mozart, escribió la pieza completamente en hojas pentagramadas únicamente sirviéndose (también para beber) de tinta; detalle que no le permitió el lujo de la corrección; detalle que lo liberó del miedo a fallar. El título de su magnánimo opus arribó al final; fue: Un maravilloso relato acerca de las hazañas de los amados, felices y alegres hermanos Grimm, una novela fabulosamente biográfica (*). Además de abundantes pasajes y acotaciones interesantes entre apasionados fortissimi y sutiles pianissimi, podemos encontrar, de acuerdo al presto de la lectura, ciertas perlas dignas del parnaso literario, como por ejemplo:

“’… me permito a mí mismo citar una mención, o a mencionar una cita del famoso dúo de escritores, músicos, químicos, experimentadores cromoterapéuticos, excelentes danzarines y agudos observadores de la realidad, llamados Frederick Scallibur y su compañera de toda la vida Hèléne Coqcuet, quienes aventuradamente al unísono afirman en su Breve historia de la literatura y la neurosis, volumen 587326, página 981756, columna 3874, línea 8379287, que toda escritura no es más que neurosis.

 “’Haciendo un virtuoso uso de este previo ejemplo, me sirvo una porción de este enorme mas sabroso y jugoso festín psicológico (el libro anteriormente citado), en primer lugar porque luce bastante apetitoso; en segundo lugar porque estoy realmente muy hambriento; y en tercer lugar, porque es una perfecta y precisa descripción del estado mental en el cual los hermanos Grimm estaban cuando escribieron algunos de sus más celebrados cuentos (4 bis).

“’Probablemente semejante patrón de conducta encuentre su origen en un cierto punto del tiempo; precisamente apenas cinco días después de la venida de uno de los Gebrüder Grimm a este oscuro y sombrío mundo (5), cuando su infame Mutter los abandonó a las mismísimas puertas del Palacio Philippsruhe de Hanau. Dorothea Zimmer era su nombre. Aún hoy, en Hanau, se cree mayoritariamente que la desdichada mujer tenía la intención de dejarlos a ambos en esas mismas puertas, cinco días antes de dar a luz (exitosamente por fin) al más pequeño del dúo de cuentacuentos; algo que intentó varias veces, mas que finalmente resultó fútil. Más allá del inútil esfuerzo que la abandónica invirtió en sudorosos, ruidosos y aromáticos pujes, la única cosa que su cuerpo pudo expeler fueron unas deficientemente digeridas Kassler Rippchen, y otros ODNI (objeto defecado no identificado).

 “’Me atrevo a predecir que en algún imprevisible futuro un inservible traductor creará una innecesaria llamada a pie de página en el párrafo previamente escrito con la intención de confundir y desconcertar al lector bienfeizado; fácil es entender que ambos hermanos fueron abandonados solamente una vez que el menor hubo nacido. De la misma manera, contrariando todas las reglas referidas al buen escribir y a la estructuración lógica literaria, simplemente declaro que la razón del abandono de los hermanos Grimm no fue un asunto de grave profundidad psicológica, mas debido a que la madre estaba loca, o CDT (completamente del tomate).

 “’No obstante, fácil es comprender y reconocer el por qué semejante suceso estuvo grabado en sus memorias emocionales desde entonces, provocando así en el consciente, subconsciente, sub-sub-subconsciente y consciente subterráneo de los pequeños hermanos un tremendo y enorme impacto. Sin embargo, ambos sobrevivieron al abandono materno.

 “’¿Cómo?

 “’Que ambos sobrevivieron al cruel abandono materno.

 “’¿Pero cómo?

 “’Veo que usted, alter ego del Graf Edmund von der Wald aus der Rhin, es sordo de los ojos. Le repito por última vez que ambos sobrevivieron al cruel abandono materno.

“’Pero, ¿cómo lo lograron?

(Hemos decidido copiar verbatim el siguiente intercambio interno que el Conde tuvo consigo mismo para que el querido lector, o querida lectora, o estimadísimo probable lector, o entrañable y afable lectora, o respetado… ad libitum, entienda el estado mental en el cual se hallaba atrapado el artista Edmund)

 “’La hazaña fue lograda a través de una impresionante capacidad para imitar a las palomas (7), esas desgracias voladoras siempre provistas de alimento, a fuerza de picotear las escasas migas de pan que los viejos jubilados depositaban, no sin cuidado y respeto, en el suelo; creían en su bienintencionada ignorancia que los abandonados hermanillos eran una especie de ovíparos colombianos importados por el Führer (6). Podemos fácilmente ver y comprender cómo semejante crianza solitaria (así también como cualquier otro capítulo de sus vidas) alimentó su creatividad, la cual está reflejada, quizá en su máximo esplendor, en su más famoso e inmortal cuento: Hänsel und Gretel. Estoy forzado a suponer que debido a la carencia de una fuerte figura masculina, de una presencia paterna-diosesca, Jacob habría de ser inmortalizado como Gretel.

“’Más allá del horrendo abandono sufrido por ambos, este mismo suceso los inspiró (siendo ambos ignorantes del origen de semejante vocación) a investigar, coleccionar y escribir cuentos, primordialmente para niños, con la loable intención de crear impactos y nutrición para esas pequeñitas mentes (aún) incorrompidas que eventualmente serían expuestas a la adulta brutalidad y menosprecio condicionante. Una excepcional fábula en sí misma que nos muestra cómo los opuestos pueden, en ocasiones, trabajar conjuntamente hacia el mismo objetivo útil.

“’Una vez que laboriosamente los hermanos Grimm hubieron arribado a la adultez, luego de haber atravesado el infierno de su infancia y primaria adolescencia, y a pesar de estar increíblemente ocupados con sus frenéticas investigaciones, compilaciones y escrituras cuentísticas (actitud que probablemente revele más acerca de lo cual deseaban evitar que de sus verdaderas pasiones), la venganza era el diario mantra que les continuaba picoteando ambas consciencias, subconsciencias, y sub-sub-subconsciencias, a pesar de que ninguno de ellos tenía ya migas de sobra sobre sus cabezas. Es justo decir que, en el fondo, ambos Gebrüder sentían que la palabra venganza – Rache en alemán – no era lo suficientemente fuerte y expresiva como para describir la tarea por venir.

“’Con la intención de poder resolver tales problemas lingüísticos, recurrieron a la sangre italiana presente en la rama materna: el bisnonno Giancarlo Manfredi, un exquisito pizzaiolo de Ascoli.

“’Luego de densas jornadas de turbulentos viajes, finalmente encontraron la palabra que había estado buscando con fervor casi tribal: vendetta.

“’También, acaso por fortuna (si es que existe tal cosa, y si es realmente una cosa) finalmente degustaron la delicada masa de Giancarlo; el resultado fue increíble para sus papilas gustativas mas horrendo para su respectivos orificios eyectores: el camino de vuelta a casa no estuvo señalizado con migas o piedras brillantes, sino a través de la fuerza y el hedor de las sobras correspondientes a pizzas apenas digeridas.

“’Pero más allá de las tribulaciones obsequiadas por un caos digestivo, el cual probablemente fuera ocasionado por comer algo que, de alguna manera, portando en su cuerpo (masa) una solitaria célula, posiblemente un par de pelos (púbicos o axilares) o acaso algunas alquímicas gotas del sudor de Giancarlo, pudo haber disparado la amarga y casi líquida erupción intestinal en los Gebrüder, como si algo aún tuviese que ser digerido no solamente en un obvio nivel físico, sino también en uno emocional; mas, a pesar de todas las dificultades, el objetivo, el diario mantra permanecía inalterado: Rache! Vendetta!

“’Una deuda fue finalmente pagada durante el curso de una oscura mañana primaveral del vigésimo séptimo día del cuarto mes del año 1937, en un suburbio de Dresden llamado Aufkassental; aunque quizá sea justo afirmar que el benefactor permanece aún en las sombras, seguramente debido a lo que usted está por leer. Y cuánto habría yo deseado poder escribir La deuda y no simplemente Una deuda; y estoy seguro, querido lector o lectora, que entenderá a la perfección el pesar que siento en el corazón al describir la siguiente explicación: en los dominios de una humilde morada al 65 de la Haupstrasse, y encerrada en un feroz horno de hierro, Frau Hannelore Herzfriz moría de asfixia, para luego ser cocinada lentamente.

“’Lamentablemente, la inocente mujer jamás supo la razón por la cual fue encerrada y sazonada en su propio y amado aparato cocinador; acaso sea también patético el hecho que los Gebrüder Grimm jamás supieron que la ultimada no era su Mutter. Quizá los hermanos cuentistas jamás se enteraron del hecho, y no festejaron en vano; mas es posible que, habiéndose enterado del suceso, no hayan festejado, acaso por pudor; ¿es plausible que probablemente los Gebrüder no estuvieran con vida en el año 1937? ¿Y si aún ignorantes del hecho ocurrido, festejaron en vano por desgracia de otro error que nada tiene que ver con lo que estamos tratando? Por supuesto, dada nuestra actual carencia de trozillos de información, no podemos asegurar que realmente hayan descubierto, no solamente al sobrecocinado cuerpo de la supuestamente madre-culpable, sino también el horrendo error; sin embargo, quizá sea justo aventurar que el benefactor en las sombras quiso compartir el supuesto acto de generosidad, acaso como una ofrenda para sus autores favoritos. Mientras tanto, el paradero de la abandónica Dorothea fue, es, y será un misterio inescrutable.

“’Al menos sabemos que un robusto e imbécil leñador llamado Manfred Grimminzschaffenthal supo ser, alguna vez, el ausente Vater ignorante; un callente abeto misericordioso terminó su miserable y oscura vida mientras los olvidados Gebrüder estaban apenas posando sus piececitos sobre esta tierra implacable, dando así los primeros y solitarios pasos hacia una existencia desmadrada, rogando a los jubilados unas míseras migas de pan, fingiendo ser palomas.

“’Entonces, ¿cómo fue el trágico final de los unidos hermanos Grimm?

“’Jacob murió de indigestión luego de disfrutar (y sufrir) un orgiástico atiborramiento de colosales cantidades de chocolate, el cual fue inspirado por el mito del Principe Azzurro, mas en esta ocasión el hechizo supuestamente habría de ocurrir a través de las artes y sabores de la delicia oscura, en vez del azulino Gorgonzola. Al parecer, la intención secreta detrás de esta gula chocolatera era obtener un miembro más largo y grueso que el que la natura le había otorgado al inseguro Jacob; él razonó que si el Príncipe Azul era tal debido a la ingente consumición del manjar lácteo azul, la respuesta a su peneal inseguridad sería obviamente la de recurrir a un alimento que lo oscureciera un poco, con la firme intención de transformarse en, con suerte, un dotado mulato. Las primeras pruebas las hizo con un sólido (en ocasiones más, en otras menos) que, a través de la amarga experiencia de Jacob, portaba en su gusto la misma característica que en su olor: a mierda.

“’La suiza y láctea exquisitez chocoloatífera había sido un regalo de su querida amiga Heidi, quien por aquél entonces solía vivir en los Alpes suizos con su amoroso abuelo, conocido en la aldea como Alm-Onji,. Según las tristesinas y grotescas estimaciones de Wilhelm, esa misma noche Jacob había probado circa 9.846.365 barras de chocolate, pesando cada una 786 kilos. Muchos años después, mientras yacía en su lecho de muerte, y utilizando los finales restos de aliento, Heidi contradijo al afligido y calculador Brüder, asegurando que Jacob apenas había comido 9.846.364 barras de chocolate (8).

“’La tragedia aún tenía una carta más por jugar: Wilhelm murió debido a una intoxicación alimentaria, luego de consumir un queso malo (9) que der kleine Peter, un humilde pastorcillo quien además era un cercano amigo de Heidi, le había ofrecido al difunto Wilhelm como regalo por su septuagésimo tercer cumpleaños.

“’Aparentemente, y según la declaración de Peter, la cual fue pronunciada durante las pesadas horas que tuvo que soportar en los cuarteles generales de la Gestapo, el insistente calor al cual el lácteo producto quesero que hubo sido expuesto durante la travesía que el mancebo tuvo que emprender desde Mainz, su pueblo natal, hasta el hogar del pronto a intoxicarse escritor en Berlín, pudo haber provocado una fatal reacción química dentro del mismísimo queso. Esta precisa teoría esbozada por el iluso Peter probó ser su sentencia de muerte.

“’Para los guardianes de la ley, era más que claro que el pastorcillo supo de antemano el efecto que el sol desencadenaría en su láctea ofrenda cumpleañera. Apenas cuando la vengadora bala estaba por dejar su contenedor, una sorpresiva llamada extendió la vida del ya condenado der kleine Peter; al menos por un puñado de días abarrotados de ayuno y perfume a orina. Era analfabeto mas no un idiota; supo al instante que su muerte inevitable había sido simplemente postergada; también prefiguró que únicamente un hombre con inmenso poder era capaz de detener una inminente ejecución.

“’Unos pocos días después, los cuales le parecieron una fatigosa eternidad, su famélico cuerpo fue bautizado a través de las caricias de nueve balas Nazis escupidas por la Luger P08 de un tal Göbbels quien, es digno remarcar, era un particularmente fiel admirador de los ya extinguidos Gebrüder Grimm. Joseph Göbbels tuvo siempre, desde el primer momento en que sus ojos se posaron sobre una página de los Grimm, una cierta debilidad por Jacob, acaso inspirada y alimentada por una coincidencia en sus extravagantes predilecciones vestuarísticas y comportamiento desprejuiciado. Quizá también compartieron inseguridades anatómicas y pasiones chocolatadas.

“’Entonces, atraído por las elecciones liberales de Jacob, el Reich Minister solía sorprender a gente a diestra y siniestra, sea por sus elecciones en el vestir, o por su provocadorísimo caminar; incluso hacía las delicias del mismísimo Führer durante las famosísimas veladas de Samstag Nazis.

“’En esos festivos y en ocasiones pícaros Sábados, nuestro propagandista y ejecutor Paul Joseph Göbbles solía vestirse como mujer, preferentemente luciendo un vestido de satín rosado sin ropa interior mas cubriendo el conjunto todo con la piel de algún animal de invierno ruso; y montado en tacos de 14 centímetros, danzando y gritando al compás de lo que luego habría de conocerse como Hier an Rhein und Ruhr und in Westfalen, himno característico de la zona originaria del Dr Paul Joseph.

“’Durante estos encuentros eróticos, él siempre insistía en ser llamado por su nom de guerre, Gretel.

“’Tal fue el impacto que produjo este pequeño número cabaretesco en las entrañas Nazis, que incluso durante los momentos más dramáticos de la historia germana vividos en el bunker de Hitler, siempre había alguna especie de presencia musical. Antes de condenarse a una eternidad de sufrimiento, el mismísimo Führer le pidió a su mano derecha y amigo que organizara un pequeño divertimento musical para amenizar su partida deshonrosa. El fiel Göbbels apenas pudo juntar los restos de aquello que alguna vez supo ser el coro personal de Hitler, y entonó a viva voce, mientras dirigía, el himno Heil, meine Gretel, meine libere Gretel und Schokolade Gretel.

 “’Aún hoy día pueden conseguirse algunas copias piratas del registro fonográfico original en el Sonntag Markt, a las puertas del Philippsruhe Palace de Hanau.

“’En un tiempo indeterminado, mas en un lugar definitivo llamado Hamburg, Heidi fue condenada a ser encontrada muerta, enterrada en una fosa común a medio cavar, con un hacha enterrada en su vacío pecho, y una inscripción escrita en sangre a lo largo de su frente, en donde alguna vez se pudo leer Grimm für immer!

 “’Manfred es el supuesto nombre del hachado ajusticiador; un vengador hecho a leña y paternidad ausente quien de hecho no murió realmente mas fue gravemente herido en el previamente mencionado incidente del callente abeto. Se lo presume aún con vida e inhabitando una pequeña mas bien decorada cabañita, compartiendo sus postreros días con el Opa de Heidi, en una inexplorada región del Rhein. La deshijada pareja sobrevive apenas con una dieta basada en chocolate y, cuando la escasez muestra su angustioso rostro intentan, alternándose, un vano suicidio dentro del horno; de más está decir que no hay gas, ni madera que pueda alimentar el inofensivo aparato cocinador.

“’Esmerándose para sobreponerse a tales dificultades, ambos comentan que están planeando abrir una granja para criar cisnes, los cuales serían vendidos a precio mayorista a cuentistas infantiles.

“’De todas formas, yo, el Conde Edmund y mis varios alter-egos, declaramos que los hermanos Grimm fueron en realidad los hijos ilegítimos que Heidi tuvo con Pedrito. Para realmente entender el desafío literario presentado a sus ojos, querido o querida lectora, hagan a bien intercambiar Dorothea por Rigoberto, y donde yace una coma, reemplazarla con la palabra urticaria; no olvide cantar el ciclo completo del anillo de los Nibelungos, compuesto por Richard Wagner, mas un semitono abajo. Allí espera la resolución del acertijo.’”

Radamés Washington «π» Funes Da Silva menciona por lo bajo que se topó con un tal  Conde Edmund von der Golz en una trattoria en Montevideo, pero como no tiene un carajo que ver con el reciente relato, se llama sí mismo a un atronador silencio de escritor.

(**) Deporte que supo ser practicado por él mismo hasta que una cruel lesión lo dejó fuera del primer equipo del SG Wattenscheid 09, cuando apenas sufría los diecisiete años.

(*) Es válido recordar el ardiente deseo del escritor por inventar nuevos términos.

(1) Debido a cuestiones prácticas y también espaciales es que hemos interrumpido el comienzo de este capítulo. Dado el compromiso que el escritor siente para con la justicia y la pasión puesta en su trabajo, con la intención de no despreciar a alma alguna, el noble y humilde π usó 8.456.412 combinaciones posibles de palabras con el objetivo de abarcar lo que él creía que era el espectro completo de probables y potenciales lectores del Opus Magnum, en el preciso momento en el que estaba creando esta pieza (Ed.).

(2) Estoy seguro de que el apellido nobiliario de la gran campeona del pasado tenístico, la dama Steffi, es digno de estudios más profundos y escrutadores. La flagrante contradicción entre su naturaleza femenina y el apellido claramente masculino nos fuerza a pensar (a pesar de que sé que aún no soy Uno y que pocas veces pienso mas soy pensado por mi yo dominante) acerca del probable efecto que los esteroides anabolizantes pudieron haber tenido en el apellido de la atleta en cuestión; ¿podría ser posible que a fuerza de recurrir a drogas que mejoran el rendimiento deportivo la mismísima naturaleza del nombre familiar de uno sea cambiado a aquél que es del género opuesto? ¿Es acaso válido sospechar que antes de ingresar al circuito profesional de tenis, ella era conocida como Steffi Gräffin, que significa Condesa?

(3) El Conde siempre disfrutaba sus dulces favoritos, como el delicioso Ritter Sport Praliné, sirviéndose de cuchillo y tenedor sobre un plato De Lamerie.

(4) Entre sus usuales arengas disparatadas, encontramos un dedo dirigido a Richard Wagner, un grosero error durante un concierto improvisado, ocurrido durante el retiro franciscano del húngaro, tocando el mismo piano que supo pertenecer tanto a las manos como al corazón de Franz Liszt, y dejar una croissant a medio terminar en un café de baja reputación en Calais.

(4 bis) El cuarto lugar y sucesivos son ignorados dado que no clasifican para medalla. (Ed.)

(5) Aún no está muy claro si es que fueron abandonados durante el quinto día luego del nacimiento de Jacob Ludwig Karl (cuatro de Enero del 1785) o durante el quinto día luego del nacimiento de Wilhelm Karl (veinticuatro de Febrero del 1786). Bien vale la pena notar que Jacob Ludwig Karl pudo perfectamente haber sido abandonado durante el quinto día luego del nacimiento de Wilhelm Karl, o, inversa la a. También pudo haber sido luego del quinto día del nacimiento de Ludwig van Beethoven, mas para que tal teoría no carezca de plausibilidad, la abandonadora, es decir, la Mutter, tuvo que haber sido capaz de viajar a través del espacio y el tiempo, o bien Beethoven pudo haber nacido realmente unos años más tarde. Quizá efectivamente fueron abandonados durante el quinto día del nacimiento de algún pobre desdichado, cuya existencia podríamos haber pasado por alto. Quizá en los primeros compases de la quinta sinfonía de Beethoven se hallen las llaves de este misterio; el destino golpeando, implacable. ¿Sabía Luigi lo que habría de ocurrir en un futuro cercano a su propio nacimiento? Las explicaciones son, acaso, infinitas. Así también son las posibilidades. Mas tampoco lo son ni la tinta, ni el papel. (NdelT.)

(6) No está explicitado el Führer al cual se está refiriendo el autor. Dado que Führer significa muchas cosas en castellano, siendo el alcance vastísimo, podríamos considerar por ejemplo que el personaje en cuestión era un conductor de ómnibus, o acaso el mismísimo Adolf Hitler. De ser así, tanto el viaje en el tiempo y la precognición no deberían ser descartadas: ¿era el Conde Edmund acaso un Übermensch?

(7) Hecho que probablemente inspiró la tardía aparición del cisne blanco sobre el final del cuento de Hänsel und Gretel. El Schwan de Lohengrin también debería estar incluido; cuestión que habla por demás bien acerca de Richard Wagner, quien a pesar de haber sufrido un indolente gesto de parte del Conde, jamás albergó resentimiento alguno para con los hermanos Grimm.

(8) Este asunto mantuvo a Wilhelm y Heidi amargamente (con almendras) distanciados. Tal separación no duró más de tres minutos; la cantidad exacta de instantes que le llevó a la inevitable muerte atrapar a la entregada Heidi luego de que ella hubo pronunciado la infame acusación.

(9) El idioma castellano es uno que ofrece (quizá) infinitas chances de crear chistes basados en expresiones comunes. Cuando leemos queso malo no se trata de una descripción del carácter quesero o alguna conducta reprensible adoptada por él mismo, entre las cuales podemos nombrar: intimidar a través de gesto o palabra a quesos más pequeños, o quizá rehusar bailar una pieza con una feta de prosciutto abrazada por dos pancitos calientes; simplemente es una descripción de su hongal y acaso mortal estado.

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