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XXIX. Una revisión del Génesis: la frutal trinidad

por | Oct 16, 2013 | Opus Magnum

Blog14Mientras disfrutamos del enorme privilegio de oler y leer, ofreciendo así a nuestros propios ojos y narinas tamaño festín literario – y sí, nos estamos refiriendo a la copia original de la antológica obra maestra de nuestro admirado Abu Kasem – sentimos una cierta urgencia de compartir con ustedes, amados lectores, (a pesar de que no sepamos a ciencia cierta cuántos hay allí fuera) algunas páginas de su infinito best-seller, que nada tiene que ver con algún privilegiado miembro de la familia del famoso actor Peter Sellers, intitulado Opus Magnum.

Vaciándonos de expectativas y uniendo nuestro corazón al misericordioso azar, abrimos así nuestra obra maestra, y con un ego ligero como una pluma, leemos:

“El simple mas críptico asunto de la manzana como el fruto fundamental y símbolo de la maldad, asaz emparentada con la dadivosa y tentadora serpiente, sería de tal inesperada profundidad que estamos más que obligados a informarle a aquellos lectores que están en este mismísimo momento ingiriendo estas líneas, que lo más recomendable sería detener la lectura de inmediato si es que sus habilidades nadadoras no son, por lo menos, competentes; o no disfrutan del acompañamiento adecuado para la profunda aventura que los espera algunas palabras más abajo (**). Tamaña profundidad, la cual va mucho más allá de la imaginación ordinaria, muy probablemente oculte dentro de sí algunos ejemplos de la más horrenda vileza humana, como también las manipulaciones más malignas (0) jamás atestiguadas por hombre, o mujer, o muñecos, o artistas ciegos, o chamanes, o cocineros, o pájaros carpintero, o pianistas sudorosos, o lo que guste, alguno.

“Temo que mi descripción no haya sido todo lo clara que podría haber sido en caso de haber efectivamente fallado en realizar tal descripción correctamente, en lo referido a cuán grave es el asunto para todos nosotros, y su ulterior impacto en la historia humana. De hecho, este asunto es tan serio, que ningún hombre, o mujer, o muñecos, o ad libitum ad imaginatus, podría haber jamás sido capaz de llevar a cabo semejantes actos malignos; excepto quizá por algunos personajes que habremos de describir en las próximas líneas, cuya existencia apenas puedo desafortunadamente informar.

“Así damos una pincelada que iluminará a nuestros lectores acerca de esas bestias que alguna vez pisaron esta tierra; mas espero que esté por demás claro que esos horrendos actos y estratagemas no podrían haber jamás sido creados y perpetrados por ningún hombre, o mujer… (1).

“Durante la investigación desarrollada por mí mismo (1 bis), para así poder finalmente compilar este iluminador libro, me topé con versiones contradictorias (incluso debo admitir que hubo ocasiones en las cuales el tope primigenio dio lugar a empujones, amenazas, y como bien lo puede atestiguar mi ojo derecho, a baladíes escaramuzas), que variaban de acuerdo a quién había sido el compilador, o manipulador, en cuestión.

“El monje benedictino bautizado como Rafael de la Turba pero a quien todos en su pueblo natal se referían simplemente como pequeño hombre estúpido, nacido exactamente hace 800 años (*) en lo que hoy es conocido como Torrejón de Ardoz, cerca de la actual ciudad de Madrid, nos explica que la inclusión de la manzana como fruto prohibido nos conduce a un nombre, aquél de San José de las Termas, tercer copista del mismo manuscrito que inspira estas líneas, el cual fue heredado por Andrés, quien supo ser primo segundo por el lado materno de Simón Pedro, y el cual fue obtenido a través de una oscura riña de gallos que por razones desconocidas aceptó el palimpsesto como prenda de apuesta, para finalizar, en algún lugar de este cojonudo universo, sobre las triunfadoras y manipuladoras manos del gallo vencedor; es decir, las de San José.

“Según la solitaria y modesta contribución de Rafael al siempre-expandiéndose reino literario a través de sus Memorias de un gran masturbador, San José bien pudo haber sufrido una irreparable por ende terrible pérdida durante un gris y tormentoso día, precisamente en algún momento de la cuarta jornada del mes de Abril, transcurriendo el año 126 en la era de nuestro Señor Jesús (1.2). Me estoy refiriendo, por supuesto, a la pérdida que es la mayor de todas para un niño inocente: el deceso de sus creadores (¿o acaso deberíamos llamarlos meros copistas, dado que únicamente Dios es la fuente de toda creación?). Es, por supuesto, la muerte de sus dos progenitores, también conocidos como mamá y papá. Edith y Simón.

“¿Cómo pudo suceder esto?

“Dadas las bizarras circunstancias en las cuales ocurrió semejante evento espantoso, las verdaderas razones son difíciles de descubrir; mas como todos los caminos conducen a Roma, todas los indicios conducen a las manzanas.

“Es bastante cierto que en aquellos días, y primordialmente debido a la falta de instrumentos y herramientas apropiadas, era casi (¿o deberíamos decir efectivamente?) imposible deducir el cómo pudo haber ocurrido tan terrible accidente. El traumatizado niño, un seisañero San José, encontró a sus copistas (¿deberíamos de hecho llamarlos creadores, dado que todo lo creado es verdaderamente una creatio ex Deus, siendo ellos meros instrumentos?), o mejor dicho, progenitores, languideciendo carnalmente, semidesnudos (o semivestidos), mas completamente exánimes bajo el triunfal manzano. Tal fue la imagen que nuestro pequeño héroe tuvo que intentar (en vano) comprender. El resto son apenas meras teorías condenadas a encontrar una plausible explicación destinada a contentar a las mentes lógicas que se sacian con meras probabilidades.

“Tomando en cuenta todos los posibles factores que pudieron haber tenido una cierta influencia, sea grande, pequeña o estruendosa, no puedo escapar de la teoría que tales elementos como las coordenadas astrológicas, las condiciones meteorológicas, y otras cuestiones que habré de reservarme, dibujan dentro de mi mente lógica. Todo indica que el fallecimiento fue debido al impacto de un par de esas rojizas, severas y pequeñas frutas también conocidas como malus pumila (1.3); una caída que encontró su fin sobre las cabezas de mamá y papá, mientras ambos estaban íntimamente unidos bajo la sombra ofrecida por el traicionero manzano (1,1), recreando aquel atesorado momento en el cual ella se preñó por vez primera, transformándose así en el receptáculo de San José.

“Para aquellos desacostumbrados a semejante utilización erudita del lenguaje, afirmamos simplemente que estaban copulando, o fornicando si así lo prefieren, bajo ese mismo árbol que acabó perdiendo – a pesar de que no es posible juzgar la intención de un árbol, según el sentido común, mas otros piensan de otro modo (***) – un par de manzanas que aterrizaron sobre las amatorias cabezas (superior en el caso de su padre), induciéndolos a un eterno sueño, o muerte si le molestan las metáforas.

“La mala (o buena) fortuna intervino, ayudando a que la primera manzana golpeara duramente la cresta de Simón (papá), causando como resultado, la pérdida instantánea de su erección. Mas fatalmente para ambos, no solamente la perdió sino que debido a la distracción creada por el cayente fruto (no es una alusión a su banana pero a la descendiente manzana), también perdió de alguna manera su débil control Taoísta, significando que ya no podía contener su pegajosa esencia láctea, manchando así el vestido de su mujer al nerviosamente intentar remover su miembro de su interior, y desafortunadamente no evitando arruinar el ropaje de su esposa para siempre.

“Esta prenda era un precioso regalo hecho por la mano derecha del Rey y estilista en sus tiempos de esparcimiento como pago por ciertos oscuros favores que ella le había proveído; algunos todavía creen que tales favores, de hecho, eran de naturaleza sexual, mientras que otros creen que ella apenas solía llevarle cerveza fresca cada mañana de domingo.

“Este desafortunado accidente (y por este no nos referimos a la caída de la manzana, o el coitus interruptus, mas al vestido manchado el cual inspiró la incontrolable furia de Edith (mamá) expresada por su mano izquierda; precisamente la misma que abofeteó a Simón en su mejilla izquierda (2) con odiante destreza y certera fuerza, privándolo así, del milagro de la vida (2.1).

“Historiadores han debatido apasionadamente – e incluso algunos llegaron a extremas etapas duelísticas – acerca de la primordial razón que causó e inspiró el golpe mortal. Algunos conjeturan que el origen de la furia fue la supuesta descontrolada expulsión seméntica causada por una nimia distracción frutal con la decisiva colaboración de cierta falta de fuerza en la zona perineal de Simón, hecho (expulsión involuntaria) que era fervorosamente repudiado en esas épocas.

“Otros, que la arruinadora mancha que transformó ad aeternum a un bellísimo vestido en un pedazo de porquería fue la semilla de la violencia (3).

“Una ridícula cantidad de eruditos postergados y comunistas creen firmemente que este artículo carece de valor alguno y no debería ser leído.

“Sin embargo, la vasta mayoría de historiadores, teólogos y eruditos concuerdan en que ella, simplemente, era una loca de mierda (4).

“Según físicos del MIT, para que tal colisión provocada por la zurda mano/golpe/impacto hubiese podido tener efectos mortales para un hombre sano y en forma como el padre de San José – fue el espécimen más fuerte de su aldea durante treinta y cuatro años consecutivos – tuvo que haber sido de tal fuerza que, luego de 0.00005786 segundos transcurridos desde el impacto, una onda expansiva de 87.6 Hz  hubo de ocurrir, induciendo así la caída de la segunda manzana sobre su cabeza, aniquilándola al instante”.

Así es como finaliza la objetiva crónica de los fenecidos padres de San José de las Termas.

Ahora, forzándonos en sendas más aventurosas, maravillosas, monstruosas, tuberosas y escabrosas, naturalmente podemos inferir que la tragedia anterior podría haberse transformado, en palabras de Aristóteles, …….. Por supuesto que Aristóteles está muerto; es por ello que dejamos los …… como símbolo de su silencio. Mas siendo mucho más precisos con las palabras, parafrasearemos el último párrafo para así poder continuar pacíficamente.

Ahora, forzándonos hacia sendas más aventurosas, maravillosas, monstruosas, tuberosas y escabrosas, naturalmente podemos inferir que la tragedia anterior bien pudo haberse transformado en, expresándolo tal como Aristóteles lo habría escrito – o dicho de estar vivo aún (dando por sentado que podríamos comprender lo expresado por su desdentada boca o su tembloroso pulso escribidor) – el motor primordial que alimentó a nuestro atribulado e inocente héroe San José, como también a sus traviesas e irreverentes modificaciones de las sagradas escrituras las cuales ubicaron a la odiada manzana en el centro de la ignominia como el fruto prohibido y el origen del postrero desequilibrio experienciado en la historia humana toda. La caída de la manzana es la caída de la humanidad; la especie desterrada del paraíso, según escribió en su cuaderno personal, no puedo culpar de esto al único y todopoderoso Dios, pero haré pagar a la traicionera manzana por mi eterno penar y mi persistente virginidad.

Podría ser útil recordar que el Génesis original – no nos estamos refiriendo al conjunto de Rock Progresivo británico, a pesar de que su formación original con Peter Gabriel en voz y flauta es considerada como la mejor en la historia del grupo – se perdió alrededor del año 4760 A.C., en una zona aún por determinar bajo las arenas del desierto de Negev; según un sueño experienciado y luego recontado por el Abad de la Catedral de Negrotti Johannus Swederborg, el primigenio vocablo pronunciado para mencionar el fruto prohibido, podría haber sonado aproximadamente como Alkooon gjhaaaadiaf jasidaeh(4.5).

Sir Alan Robbins, académico y conferencista en lenguas muertas, olvidadas y prohibidas, forjó una más que aceptable traducción de dicho término luego de eternos cuarenta años de duro trabajo; su humilde aproximación es:

“Fruto exquisito que luego del primer bocado expele una esencia increíble y su sabor hará sucumbir tus piernas; mas luego se volverá un potente afrodisíaco y tendrás relaciones íntimas con tu señora esposa”.

Confiamos en que estos eventos, querido lector, y siempre bajo la infalible guía del supremo Ser que nada deja librado al azar, abrirá un vasto panorama de un salvaje arcoíris de posibilidades para ser disfrutadas y también interpretadas (4.7).

Ahora que el azar parece gozar de una pequeñísima porción en los favores de Señor, elegimos una de esas extravagancias racionales.

Pierre Montenaux de Perpignan, un reconocido monje Franciscano, nos cuenta en su  Historiae Universalis Frutae que:

“La inclusión de la manzana, tanto en el Génesis como en los anales de la literatura, es una idea forjada por Guillaume D’Avignonaisse Tellousian, a quien la historia se refiere como Guilermo Tell. Famoso era su amor por el arco y la flecha, además de su natural preferencia manzanística. De acuerdo a ciertas misivas personales que se han perdido en la memoria del tiempo, Guillermo tenía una sospechosa y más-que-amistosa relación con el Cardenal a cargo de la región del Rin, Alfred Maunschitz, quien por casualidad tenía una enorme red de conexiones trabajando desde las entrañas del Vaticano; tal detalle no sólo lo ayudó a conseguir información valiosa acerca de las intimidades de varios altos miembros del Santo Estado, sino para también amasar una enorme fortuna: Agel,  Herbalife y Amway eran algunos de los productos que solía vender a través de ese esquema astuto y capitalista, ¿o deberíamos decir argucia?

“Si bien no es ético determinar la naturaleza de su amistad, debemos presentar las dos teorías que cargan con el chismoso peso de esta historia.

“La primera de ellas indica que luego de disfrutar de sabrosos y lácteos favores sexuales, Herr Maunschitz realmente hallaba enorme placer en observar al Sr. Tell quien, luego de llevar a cabo semejantes actos diabólicos y reprobables, solía adoptar poses por demás bizarras; la favorita del dúo era una en la cual el arquero sostenía una manzana entre sus dientes, pretendiendo ser un  canard à l’orange humano, o correctamente escrito canard à l’pomme (5).

“La cuarta, siendo en realidad la teoría número dos, mas soy por demás supersticioso para usar las palabras que describen aquellos lugares entre el primero y el cuarto, indican que  Guillaume D’Avignonaisse Tellousian, nuestro famoso Guillermo Tell, sufrió una terrible pérdida debido a un errático  Apfelschuss. De hecho, no solamente uno mas siete graves errores que finalizaron las alegres vidas de sus siete hijos varones.  Incapaz de recuperarse de semejante dramático giro de los acontecimientos, el desdichado Guillaume recurrió a su añejo amigo Herr Maunschitz para así poder pagar tributo a sus hijos fallecidos; necesitaba ver a esa fruta color rojo sangre en el centro de la infamia humana; la representación del acto más bajo y traicionero que la humanidad podría jamás cometer: la desobediencia al Señor; por ende, condenar a la posteridad toda a una insoportable separación de la fuente. Así, aprovechando las conexiones de Herr M., quien también en esta conjetural historia tenía muchos amigos en el Vaticano mas no era rico ni se aprovechó del piramidal esquema capitalista, ubicó a la manzana en el árbol que terminó siendo la causa de la caída humana, espejando su propio descenso a un infierno deshijado.

“Si fuese forzado a elegir una, esa sería la teoría número dos; o aquella que va entre la primera teoría y la ausente que es el resultado de sumar dos a la primera. Yo puedo hacerlo; puedo romper el hechizo; el arcano temor puede ser superado. Elijo la segunda…”

Así finaliza la Historiae Universalis Frutae, con la repentina muerte del supersticioso y erudito Pierre Montenaux de Perpignan.

Con la sola intención de ayudar al lector a recobrar cierto balance y sentido común, es efectivamente necesario notar y mencionar que el nombre de William Tell es citado en El camino del Sufi de Idries Shah, página 20.

Mas retomando nuestro frutal asunto, ciertas fuentes secretas albergadas por la Santa Sede en Roma murmuran ciertos affaires que involucrarían al difunto alma pater de una exitosísima compañía informática cuyo logo insignia es, predeciblemente, una malus pumila.

¿La razón?

Estratagemas negociadoras que buscarían engendrar una nueva Biblia, la cual sería completamente reescrita y adaptada a los tiempos actuales, posicionándola ubicuamente en la nueva dimensión virtual, tanto en versión de bolsillo, tapa dura, como electrónica.

¿El objetivo?

Remover a la manzana del trono de la ignominia luego de siglos apestados de maniobras fraudulentas perpetradas por hombres egomaníacos; desplazar el rotundo fruto rojo de la desgracia Adámica y su posterior vinculación con la caída de la humanidad, como también su propia relación con la ira divina; para completamente devorar la manzana y dejar una simple semilla como logo comercial: una semilla a ser escupida en el venidero paraíso.

¿La variación o sustitución?

En lugar de imponer un manzano como figura dominante en la famosa escena paradisíaca, acogeríamos, gracias a los beneficios de una creación ex nihilo, una novedosa planta cuyas ramas no portarían manzanas, obviamente, sino un producto a determinarse de la firma rival. Si esto resultare difícil de ser creído en las sesiones de testeo que habrán de ocurrir pronto, no debería descartarse la presencia de una vasta casa hecha de puras ventanas en lugar del árbol. La pareja primordial podría, en lugar de morder el fruto prohibido, tener enormes complicaciones con su nuevo ordenador portátil o quizá escollos acaso insolubles para ingresar a su ventado hogar debido a un problema de actualización que los mantiene alejados del paraíso.

Astuto como siempre y ágil como nunca, el alma pater de esa mismísima compañía que podría ser precisamente descrita como la casa con mil ventanas, contactó a Pinocho, su amigo de toda la vida, con el objetivo de planear una contaminación a gran escala de cierta parte del continente africano, además de algunos países de mierda del tercer mundo (nuestras fuentes aseguran que el mismísimo alma pater pronunció tales ofensivos epítetos acompañado de furiosos gestos coronados por la espuma que brotaba de su boca) sirviéndose de manzanas rojas. Como parte de la misma operación, ojeadores de arte están intentando descubrir a la futura estrella de la pintura, quien estaría a cargo de crear la definitiva obra maestra que vencerá en la siliconeal guerra tecnológica.

¿El motivo pictórico?

Una cándida escena pastoral: ajenos a su entorno, Adán y Eva disfrutan de un hermoso picnic dominical mientras escuchan una música demoníaca con sus reproductores mp3; están en el infierno – acaso pues lo ignoran – atiborrándose de la carne de su hijo asesinado.

Radamés Washington «π» Funes Da Silva, sirviéndose generosamente de su banquete palabrístico y haciendo uso de tu tono por demás educacional y amistoso, cierra el capítulo diciendo:

“Es absolutamente cierto que la leyenda del fruto prohibido ha estado sujeta a un sinfín de mutaciones a lo largo de los tiempos, tal como quizá también le haya ocurrido a cualquier otro mito probable. En algunos claustros aislados donde el usual contacto con mujeres de baja estima era asaz imposible, por no hablar de lo infactible que era gozar del favor de mujeres de alta estima, la banana tropical fue introducida como el fruto prohibido en la versión medioeval del Génesis, por razones obvias, posteriores, oscuras, y acaso peludas. Es en aquéllos tiempos en los cuales se han encontrado la mayor cantidad de complejas variaciones sobre el cuento original; por ejemplo, cambiando el popular y Eva mordió el fruto por el reprensible y Eva empelló el fruto –banana- a lo largo de cierto orificio no destinado para ese particular propósito. Para aquellos lectores distraídos, el ano. Lo mismo se aplica en el caso de Adán, por supuesto. (6)

“Bajo esta luz, el Génesis se vuelve, probablemente, la primera investigación sexual de nuestra era, al describir no solamente algunos empeños por demás heterodoxos y extraños, sino además el uso – y acaso invenciones – de elementos que hoy son de empleo común en todo hogar.

“Durante la gran e histórica sequía que deshidrató a Costa de Marfil en los albores del vigésimo siglo, el coronel Tito Drogba aprovechose de similares invenciones literarias con la benigna y loable intención de paliar la alarmante carencia de cocos. Resultado: la palmera cocotera se transformó, a fuerza de pluma y tinta, en el árbol portador del fruto prohibido.

“En el Viejo Mundo, durante la epidemia de la vaca loca, el parlamento de la Unión Europea y su comité de sabios ponderó la posibilidad de remover a la manzana para reemplazarla con una vaca en las Sagradas Escrituras. Los más prestigiosos habitantes del mundo cultural fueron ampliamente consultados con la intención de crear un párrafo acaso definitivo que haría la animalesca variación, tanto plausible como efectiva. El ultimo borrador presentado contenía la siguiente oración: … y Eva agarró a la va con graciosa gentileza, quitándola de su rama, mientras Adán preparaba un regio fuego usando sus propias heces como combustible. Ella, ansiosa como siempre, falló en frenar su voraz apetito e intentó remover con sus propios dientes una porción del animal; mas dura como estaba la carne, ella perdió un par de sus dientes delanteros. Adán, con amor, le mostró el camino hacia la realización de la carne, macerando la pronta a ser devorada delicia vacuna con especias y salsas, hasta que la perfecta textura de cocción fue conquistada. Finalmente, ambos disfrutaron de un asado de la puta de lo parió.

“El boceto definitivo fue finalmente revisado por el Cardenal Jacinto González Gómez Pérez, miembro de la diócesis de Guijón; básicamente fue descartado debido a un detalle simple, mas fatal: la humanidad no había descubierto aún el fuego, y como efecto natural de semejante carencia del conocimiento técnico, tampoco el arte de cocinar; y lo más importante, es que en esas épocas de la vaca loca, no era sensato comer carne vacuna cruda, ni cocida, ni asada, ni ná.

“Si se dijese la verdad acerca de este asunto, tal ejercicio continuaría ad libitum, ad aeternum, ad imaginatus. Yo, por mi parte, me resigno a continuar escribiendo sus infinitas posibilidades, dentro de este espléndido toilette mío; este salón real; este vacío e iluminado trono acuático que me acepta sin reservas, reinando sobre una perdida calle de Paysandú.”

Así cierra este capítulo XXI, acaso infinito, el gran Radamés Washington «π» Funes Da Silva.

** Semejante declaración fue una recomendación personal del abogado de Abu Kasem, debido a copiosos e indeseados accidentes acuáticos ocurridos durante la primera lectura de esta crónica; sin embargo, estamos por demás felices de compartir que, hasta el día de hoy, no se cuentan víctimas fatales. El sentido común indica que ‘acompañamiento apropiado’ implica alguien o algo que pudiere ayudar durante la navegación de tales aguas profundas, las cuales por supuesto, nada tienen que ver con Roger, o con Muddy (chascarrillo creado a partir de la coincidencia del apellido de ambos músicos, y la identidad que hay con la palabra agua en inglés: water).

(0) En ocasiones podemos encontrar dentro de los dominios del Opus Magnum cierta recurrencia de la sobreaclaración en algunas de las probables opiniones personales del autor en cuestión sobre ciertos temas (Ed.). Notará, querido lector, que apenas más abajo podrá encontrar otro ejemplo de esto (0). Parece que el editor tuvo algún inconveniente en elegir una de las muchas opciones que el autor dejó en el aire. (Ed. subcontratado)

(0) Es de nuestro parecer que alguien menos que competente en la traducción del castellano pudo haber trabajo en esta misma copia. (N. del T.)

(1) En ocasiones, el probable traductor, mas no el escritor, recurre a una sobreaclaración de un tema dado. No estamos seguros si es un problema relacionado con la memoria, o algo vinculado a inseguridades forjadas a una temprana edad. (Por supuesto, esto no es una mera repetición del chiste expresado en la llamada a pie de página 0) (Ed.)

(1 bis) Deberán disculpar las inexactitudes del lenguaje, pero nuestra intención es la de preservar los textos en su forma original.

* Creemos que hay una cierta relación entre la fecha en la cual el autor trabajó en el referido capítulo, y el nacimiento de nuestro campeón. Ese singular momento de genialidad aún no puede ser ubicado temporalmente, ergo, nos es imposible saber cuándo el susodicho nació (de Ardoz). La genialidad es un hilo interminable que abarca tanto al comienzo como al final, Radamés Washington «π» Funes Da Silva, Antología poética sentada.

(1.2) Acerca de circunstancias meteorológicas y olvidados eventos históricos, no duden en consultar el revolucionario abordaje de dicho tema, por el embalsamador flamenco Jaan van der Meerkewarden en su L‘Histoire de l’Histoire Météorologique.

(1.3) Santino Marcosse, lingüista italiano experto en olvidados latinismos, esboza una notable comparación entre el término técnico empleado para nombrar la manzana del paraíso malus pumila, y el vocablo latín malus o malum, el cual expresa incorrección, maldad, acto inmoral, algo que debería ser hecho de otra manera. Al mismo tiempo, señala él que la manzana apareció después del génesis, ergo, antes de la historia que nos une aquí, en el quinto libro de la Ilíada de Homero, cuando Eris, la diosa griega del caos y la Discordia, expuso la vanidad de Hera, Atena y Afrodita durante el banquete celebratorio del casamiento entre Peleus y Thetis; también, entre otras varias apariciones fundamentales, acaso la más gloriosa sea aquí: http://www.youtube.com/watch?v=RGo3IoIXxws

(1,1) Algunos dicen que jamás podría haber ocurrido bajo la sombra, dado que era una jornada lluviosa. Una de tales voces es la de Marcun Grünnewald, autor del maravilloso Wege der Metheorologischen Natur.

(2) Este tema inspira grandes controversias aún hoy, debido al hecho de que es complejo entender cómo ella logró abofetear la derecha mejilla de su marido, sirviéndose de su mano diestra. El uso de un brazo falso no debería ser descartado, o quizá, un trozo de madera que aparentaba ser un brazo humano.

(3) Para más detalles acerca de estas reacciones, por favor consultar el Historia de una visita inesperada, capítulo intitulado El efecto de sonidos y repentinos brotes, por René Guennwsa, 1943.

(4) Plutarco dijo, dementiae merda est.

(5) En este caso en particular, la manzana podría haber estado pintada de color naranja. Esto podría explicar el origen del refrán ibérico, el cual traducido inexactamente, es leído como cuando las naranjas están ausentes, bien valen las manzanas anaranjadas. Encontrado en Orígen e historia de la colección española de dichos de la media Europa, firmado por Carl María von Schmack.

(6) Si eso fuese cierto, la Ira de Dios habría de trocarse por la Risa de Dios, dada la escena iniciada por semejante reacción infantil e inofensiva. Joseph Guiseppini así lo escribe en su Trescientas maneras de comer una fruta.

(0) Nos parece que alguien por demás incompetente en la traducción al castellano podría haber trabajado en esta copia. (N. del T.)

*** Sir John Pao, biólogo y halterofilista, expresó recientemente en una famosa revista dominical, la cual es parte del periódico más grande del mundo, que ciertos experimentos se están llevando a cabo para poder demostrar, no solamente que los árboles son sensibles, pero que además pueden desarrollar una especie de lo que podría ser visto como sentimientos humanos, tales como celos, furia, soledad y debilidad por el balónpie. Es por esto que el tan discutido tema de la manzana como el fruto prohibido y el desafortunado accidente sufrido por los padres de San José, no fue un suceso forjado por el azar en absoluto, mas el precio que su madre hubo de pagar luego de flirtear y seducir descaradamente a un manzano casado.

(2.1) Un ferviente líder fascista del Partido republicano de la Nueva Gondwanalanda, expresa en su columna seminal incluida en el boletín informativo escolar de su hijo seisañero, que de ser leído de una forma alegórica, podemos aprender de la historia y reconocer que el mensaje secreto de este cuento pronto a ser bíblico es que los políticos de izquierdas y posiblemente deportistas de cualquier tipo aparecerán de repente y te matarán. Firmado por Rupta Abescassis.

(4.5) Una forma experimental de fonética encontrada en los comienzos del lenguaje arameo es aquí compartido gracias a la generosidad del National Museum. Si deseas pronunciar la palabra citada, sigue atentamente las siguientes instrucciones:

  • ·Toma una ducha
  • ·Luego, quítate los empapados ropajes, y cuélgalos para ser secados al sol
  • ·Si no hay sol, espera; este paso no puede ser evitado
  • ·Una vez que las prendas están siendo acariciadas por el sol, vístete usando únicamente ropas blancas y sandalias hechas de corcho
  • ·Escupe sobre tu pie derecho
  • ·Haz que tu perro Labrador lama el escupitajo
  • ·Si ocurre que no tienes un perro, consigue uno, y por favor, respeta la raza. Tiene que ser un Labrador
  • ·Si no puedes tener un perro porque les tienes miedo, haz terapia
  • ·Si no crees en métodos freudianos, elije un abordaje alternativo de tu preferencia, por ejemplo, flores de California
  • ·Una vez que la escupida fue lamida, ve a la cocina y toma una manzana roja
  • ·Si ocurre que guardas las manzanas en una habitación que no es la cocina, procede a llevar la fruta roja a la cocina, abandona el espacio y vuelve a ingresar para así tomar correctamente la manzana
  • ·Muerde la manzana, y sin masticar, bebe un sorbo de agua
  • ·Manteniendo a ambos, es decir, trozo de manzana y agua, en la boca, di estas palabras: Jesús es una hormiga, y yo soy su testigo. El resultado es un 98% cercano a lo que tal frase habría sonado en el original arameo

(4.7) Es justo decir que si el Señor es la solitaria fuente de todas las cualidades y méritos, no podría jamás ser posible que Él dejare nada librado al azar. Su generosidad es tal, que incluso el azar, la aleatoriedad, seguramente disfruta de una porción de Su dadivoso espíritu divino. (Ed.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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